Ingenieros y técnicos utilizan una grúa para colocar el módulo de aterrizaje lunar Griffin-1, de Voyager Technologies, dentro del Simulador Espacial de 25 pies (7,6 metros) en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, el 31 de agosto. La nave espacial completó recientemente una serie de rigurosas pruebas ambientales… Crédito: NASA/JPL-Caltech

Sometida a sacudidas, giros, pruebas térmicas y fuertes presiones, la nave espacial Griffin-1 pasó semanas de ensayos para demostrar que puede sobrevivir a las condiciones que van desde el lanzamiento hasta el alunizaje.

Un módulo de aterrizaje comercial, que desempeñará un papel fundamental en los esfuerzos de la NASA por establecer una base lunar —el primer puesto de avanzada de la humanidad en la Luna—, ha superado una serie de pruebas críticas en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la agencia, en el sur de California. Los ensayos simularon las temperaturas extremas y el vacío del espacio, así como las intensas vibraciones y el estruendo ensordecedor del lanzamiento. Los resultados indican que la nave espacial Griffin Mission One (Griffin-1), de la empresa Voyager Technologies, está preparada para resistir los rigores de la exploración espacial.

Como parte de la iniciativa CLPS (Servicios Comerciales de Carga Útil Lunar) de la NASA, enmarcada en el programa para establecer una base lunar, está previsto que la Griffin-1 sea lanzada a finales de este año a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX. La nave transportará más de 455 kilogramos (1100 libras) de carga hasta el cráter Nobile, cerca del polo sur lunar, lo que la clasifica como un módulo de aterrizaje de «clase infraestructura». La Griffin-1 llevará consigo 10 experimentos científicos y demostraciones tecnológicas procedentes de seis países; entre ellos se incluye la mayor carga útil comercial jamás enviada a la Luna: el vehículo explorador FLIP (FLEX Lunar Innovation Platform), desarrollado por la compañía Astrolab.

Unas largas puntas de espuma, que absorben ondas sonoras y electromagnéticas, recubren las paredes de una cámara anecoica especializada en el JPL, donde el Griffin-1 de Voyager Technologies fue sometido a pruebas de interferencia y compatibilidad electromagnéticas. Crédito: NASA/JPL-Caltech

«El Laboratorio de Pruebas Ambientales del JPL de la NASA ha sometido a exploradores robóticos a diversos ensayos desde que el programa Ranger nos proporcionó, a mediados de la década de 1960, las primeras imágenes detalladas de la superficie lunar. Nos enorgullece aportar nuestra experiencia e instalaciones para respaldar esta nueva etapa de la exploración lunar comercial», afirmó Charles Whetsel, director de la Oficina de Desarrollo de Sistemas de Exploración en el JPL.

El proceso de pruebas de Griffin-1

Las pruebas comenzaron en julio, después de que la nave espacial —con un peso de 1265 kilogramos (2789 libras)— fuera trasladada por tierra desde las instalaciones de fabricación de Voyager Lunar Systems, en Pittsburgh, hasta el JPL, situado a los pies de las montañas de San Gabriel. Los ingenieros hicieron girar la nave sobre una plataforma especial para medir sus propiedades de masa; este ensayo permite detectar cualquier oscilación inesperada, lo cual ayuda a evaluar cómo se desplazará el módulo de aterrizaje a través del espacio. Los datos recopilados durante estas pruebas son fundamentales para determinar si la nave está preparada para la navegación durante el vuelo y para el aterrizaje en la superficie lunar.

Para garantizar que las señales emitidas por los componentes electrónicos de la nave no interfieran entre sí, Griffin-1 fue sometida a pruebas de interferencia y compatibilidad electromagnética dentro de lo que se conoce como cámara anecoica; un espacio cuyas paredes están recubiertas con largas cuñas de espuma diseñadas para absorber tanto el sonido como las ondas electromagnéticas.

El módulo de aterrizaje lunar Griffin-1, de Voyager Technologies, gira sobre una plataforma especial en una prueba destinada a medir sus propiedades de masa; esto permite a los ingenieros detectar cualquier oscilación inesperada mientras evalúan cómo se desplazará el vehículo por el espacio. Crédito: NASA/JPL-Caltech

Durante las pruebas de vibración, cientos de sensores monitorearon a Griffin-1 mientras una «plataforma vibratoria» lo sacudía en tres direcciones, con una fuerza cada vez mayor, para simular el trayecto de salida de la atmósfera terrestre a bordo de un cohete de gran envergadura. Para imitar el estruendo del lanzamiento, unos altavoces gigantes, accionados por nitrógeno gaseoso comprimido, bombardearon la nave espacial con una intensidad de hasta 153 decibelios dentro de una cámara acústica hermética.

Las pruebas ambientales se llevaron a cabo en varias salas blancas del JPL, culminando en el Simulador Espacial de 25 pies (aprox. 7,6 metros), una cámara de vacío térmico que figura en el Registro Nacional de Lugares Históricos por su contribución a misiones emblemáticas, como las de los programas Ranger, Surveyor, Mariner y Voyager. A lo largo de las décadas, le han seguido decenas de misiones más —acompañadas de numerosas mejoras en las instalaciones de prueba—, entre ellas el vehículo explorador Perseverance (en Marte) y la sonda Europa Clipper.

Bajo el imponente techo de 85 pies (26 metros) de altura de la cámara de vacío térmico, y durante un periodo de unas dos semanas, Griffin-1 fue sometido alternativamente a temperaturas de hasta 167 grados Fahrenheit (75 grados Celsius) y a temperaturas gélidas de hasta menos 148 grados Fahrenheit (menos 100 grados Celsius). Estas pruebas simulan las temperaturas extremas a las que se enfrentará el módulo de aterrizaje durante su viaje a través del vacío espacial y durante sus operaciones en la superficie lunar.

«Griffin-1 se está construyendo con un propósito histórico: llevar infraestructura y capacidades a la Luna. El hecho de que la nave espacial haya superado estas exigentes pruebas ambientales constituye un hito importante, ya que demuestra que Griffin-1 está preparada para el viaje extremo que le espera: el lanzamiento, el trayecto por el espacio profundo y la llegada al polo sur lunar», afirmó John Thornton, vicepresidente ejecutivo de Voyager. «Esta nave espacial representa una nueva era de exploración lunar comercial, en la que misiones como Griffin-1 sientan las bases para una base lunar y contribuyen a transformar la exploración lunar sostenida de una simple visión en una realidad».

Tras demostrar su capacidad en el JPL, Griffin-1 ha regresado a las instalaciones de Voyager Lunar Systems para su ensamblaje final. La siguiente etapa consiste en las operaciones de preparación para el lanzamiento, previas a su envío a Cabo Cañaveral.

Traducción no oficial con fines divulgativos del artículo original en Inglés.
Créditos: NASA / JPL-Caltech

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.